Corrientazos

La historia de la mujer que vende almuerzos a $5.000 en Ibagué

Madre cabeza de hogar madruga cada día para ofrecer comida casera muy económica en el centro de Ibagué.

Foto: Valentina Cortés, periodista Alerta Tolima Yudy Alejandra Cuéllar, vendedora de almuerzos en Ibagué

En pleno corazón de Ibagué, entre el movimiento diario de transeúntes, comerciantes y trabajadores informales, una historia de esfuerzo y amor por el prójimo se cocina desde hace más de una década en el tradicional Parque Andrés López de Galarza.

Se trata de Yudy Alejandra Cuéllar, madre cabeza de hogar y víctima de desplazamiento, quien todos los días madruga para preparar los almuerzos que vende a precios solidarios. Su propósito va más allá de obtener ganancias: busca tender una mano a quienes atraviesan dificultades económicas.

La rutina de Yudy comienza a las 5:00 de la mañana. A esa hora sale rumbo a la plaza de mercado para comprar ingredientes frescos: arroz, verduras, carne, pollo y granos. Con el mercado listo, regresa a su puesto para preparar los alimentos.

Entre ollas humeantes y el aroma de comida casera, Yudy organiza cada detalle para que, al mediodía, todo esté listo para sus clientes habituales y quienes pasan por el sector en busca de un almuerzo económico.

Actualmente ofrece platos completos por tan solo $5.000, una cifra que para muchos resulta simbólica frente a los precios del mercado. En casos especiales ha llegado a vender por $1.000 o $2.000 a personas que realmente no cuentan con recursos.

“Tengo tres hijos y los he mantenido a base de este negocio. La idea no es llenarme los bolsillos, es hacer una obra de caridad”, afirma con convicción mientras sirve uno de sus platos.

Durante más de 10 años, este emprendimiento informal ha sido el motor que le ha permitido sacar adelante a su familia. Gracias a la venta diaria de almuerzos, ha cubierto la alimentación, la educación y otras necesidades básicas de sus hijos.

Aunque su puesto está ubicado en un sector que muchos consideran de compleja seguridad, Yudy asegura que nunca ha sido víctima de hechos que afecten su trabajo. Por el contrario, destaca que las personas en situación de calle y quienes frecuentan la zona le han demostrado respeto y cariño.

Su historia refleja la realidad de muchas mujeres en Colombia que, pese al desplazamiento forzado y la informalidad laboral, encuentran en el emprendimiento una alternativa para reconstruir su proyecto de vida.

Con el paso de los años, el puesto de Yudy no solo se ha convertido en un lugar para almorzar a bajo costo, sino en un punto de encuentro donde confluyen historias, conversaciones y gestos de apoyo mutuo.

Trabajadores informales, adultos mayores, recicladores y ciudadanos del común encuentran en su mesa un alimento caliente y, muchas veces, una palabra de aliento.

En cada plato servido hay más que arroz, proteína y ensalada: hay constancia, resiliencia y una profunda vocación de servicio. Su ejemplo demuestra que, incluso en medio de las dificultades, el esfuerzo y el corazón pueden transformar realidades.

Así, en medio del bullicio diario del centro de Ibagué, Yudy continúa demostrando que la solidaridad también se cocina a fuego lento y que un almuerzo de $5.000 puede ser, para muchos, mucho más que una comida: puede ser un acto de bondad.