Vía La Línea

Adiós a las rampas de frenado en la vía a La Línea: estudio desmonta teoría sobre siniestros

Autoridades confirmaron que la obra no es viable. El riesgo vial en este corredor estratégico se mantiene alto.

Gobernación del Tolima Vía a La Línea

Una de las soluciones más esperadas para frenar la tragedia en la vía Cajamarca (Tolima)–Calarcá (Quindío), conocida como la vía a La Línea, acaba de caerse. Los estudios técnicos confirmaron que no se podrán construir rampas de frenado en este corredor, considerado uno de los más peligrosos del país.

La decisión fue confirmada por el alcalde de Cajamarca, Camilo Valencia, quien reveló que el problema de fondo no es el que durante años se creyó.

Durante décadas, conductores, autoridades y comunidades señalaron que los accidentes mortales en este descenso se producían por fallas en los frenos de los vehículos. Sin embargo, un análisis estadístico cambió por completo esa versión. La mayoría de los siniestros no ocurren porque los frenos fallen, sino porque los vehículos quedan en neutro durante el descenso, lo que provoca que aumenten la velocidad de forma descontrolada y el conductor pierda la capacidad de reaccionar. En ese momento, el vehículo deja de contar con el freno de motor, una herramienta clave para reducir la velocidad en pendientes pronunciadas.

El propio alcalde Valencia reconoció que esta conclusión cambió la percepción que se tenía sobre la problemática. “Yo personalmente estaba convencido de que eran la falta de frenos, y no lo es”, afirmó, al explicar que esta nueva evidencia obligó a replantear las soluciones que se venían proponiendo desde hace años. Esto significa que una de las obras más solicitadas, como lo eran las rampas de frenado, no tendría la efectividad esperada en este corredor.

Pero el panorama es aún más delicado. Según explicó el mandatario, el corredor no cumple con las condiciones técnicas necesarias para garantizar que una rampa funcione correctamente. Existe el riesgo de que, debido a la compactación del material y la velocidad que alcanzan los vehículos, estos no logren detenerse y atraviesen la rampa, lo que podría terminar agravando el accidente. En otras palabras, una obra pensada para salvar vidas podría no cumplir su objetivo e incluso generar consecuencias más graves.

Esta revelación también desmiente una versión que circulaba ampliamente entre la comunidad, según la cual las rampas no se construían por falta de recursos. El alcalde fue enfático en aclarar que el problema no es económico, sino técnico, lo que representa un golpe para quienes veían en esta infraestructura una salida inmediata a la crisis de seguridad vial en este tramo.

El problema se agrava porque no hay soluciones estructurales a corto plazo. El alcalde Valencia advirtió que actualmente el Gobierno Nacional no tiene priorizada ni financiada la doble calzada ni otras obras de fondo en este sector, lo que significa que no existe una intervención concreta que reduzca el riesgo en el corto tiempo. Aunque se han mencionado posibles estudios y alternativas, estas aún están en etapas preliminares y sin respaldo financiero claro.

Este corredor, que conecta al Tolima con el Quindío y forma parte de un eje clave para el transporte nacional, es utilizado diariamente por cientos de vehículos de carga pesada, buses y carros particulares. Su geografía, marcada por descensos prolongados y curvas exigentes, lo convierte en un punto crítico donde cualquier error mecánico o humano puede terminar en tragedia.

A esto se suma otro factor que complica la situación: el llamado “embudo vial” que se genera cuando la doble calzada se reduce a un solo carril, lo que aumenta el riesgo, especialmente en zonas donde los vehículos descienden con velocidad acumulada. Esta condición, sumada a la falta de obras definitivas, mantiene la preocupación tanto de autoridades como de transportadores y comunidades.

Hoy, la conclusión es clara y preocupante. Una de las soluciones más esperadas no se podrá ejecutar, mientras que las obras de fondo siguen sin financiación ni fecha definida. Entre tanto, miles de conductores continúan transitando por esta vía con el riesgo latente de que una falla, un descuido o un descenso en neutro termine en una nueva tragedia.

La vía Cajamarca–Calarcá sigue siendo un corredor estratégico, pero también un punto donde la seguridad vial sigue en deuda, y donde, por ahora, las soluciones siguen siendo más promesas que realidades.