El Tolima encendió las alarmas sanitarias por el comportamiento sostenido de la fiebre amarilla y lanzó un llamado directo a los alcaldes del departamento para que evalúen, con criterio técnico y responsabilidad pública, la realización de ferias y festividades en municipios donde persisten casos activos de la enfermedad. La advertencia llega en un momento crítico, cuando las cifras de contagios y muertes continúan en aumento y coinciden con el calendario de eventos masivos que tradicionalmente movilizan a miles de personas dentro y fuera del territorio.
De acuerdo con el balance oficial de la Secretaría de Salud del Tolima, el departamento acumula 139 casos confirmados de fiebre amarilla y 57 fallecimientos asociados al virus. Solo en lo corrido de este año se han registrado 15 nuevos casos, de los cuales 10 terminaron en muerte, una letalidad que preocupa a las autoridades y que convierte al Tolima en el epicentro del brote a nivel nacional.
Este panorama llevó al Gobierno departamental a elevar el nivel de alerta e insistir en que las decisiones sobre la realización de eventos masivos no pueden tomarse a la ligera. Desde el Consejo de Gobierno se reiteró la necesidad de que cada municipio convoque a su consejo de gestión del riesgo y evalúe, caso por caso, el impacto que ferias y fiestas pueden tener en la propagación del virus, especialmente en zonas con transmisión activa.
La secretaria de Salud del Tolima, Katherine Rengifo, fue enfática en señalar que la prioridad absoluta debe ser la protección de la vida. Aunque el departamento no tiene la competencia para ordenar la suspensión de celebraciones, sí ha emitido una recomendación clara y directa: en los municipios con casos activos de fiebre amarilla durante este 2026 se debe reevaluar la realización de ferias y festividades, teniendo en cuenta el riesgo que representan las aglomeraciones.
El llamado no es menor. Las ferias y fiestas suelen atraer visitantes de distintas regiones del país, incluyendo ciudades como Bogotá, lo que incrementa la movilidad poblacional y, con ella, la posibilidad de nuevos contagios. En ese contexto, las autoridades sanitarias advierten que un evento mal evaluado puede convertirse en un factor detonante de mayor propagación del virus, tanto dentro del Tolima como hacia otros departamentos.
Mientras se define el rumbo de los eventos programados, los equipos de la Secretaría de Salud del Tolima, en articulación con el Ministerio de Salud, mantienen presencia permanente en territorio. Municipios como Prado han sido priorizados para el seguimiento epidemiológico, la verificación de medidas preventivas y el acompañamiento a las autoridades locales en la toma de decisiones, en medio de celebraciones que ya están en marcha o en fase de organización.
La fiebre amarilla, recuerdan los expertos, es una enfermedad prevenible mediante vacunación, pero altamente letal cuando no se cuenta con la protección adecuada. Por eso, además de las recomendaciones sobre eventos masivos, las autoridades han reiterado el llamado urgente a la población a verificar su esquema de vacunación, especialmente a quienes planean viajar a zonas de riesgo o participar en actividades que congreguen a grandes grupos de personas.
El mensaje desde el Tolima es claro: la situación es delicada y exige decisiones responsables. Las ferias y fiestas, aunque importantes para la economía y la tradición cultural de los municipios, no pueden estar por encima de la salud pública. En un departamento que ya suma decenas de muertes por fiebre amarilla, cada decisión cuenta y cada evento debe ser evaluado con lupa.
En medio de este escenario, la mirada también se dirige al resto del país. El Tolima se convierte en una señal de alerta temprana sobre los riesgos de bajar la guardia frente a una enfermedad que parecía controlada pero que vuelve a cobrar vidas. Las autoridades insisten en que la prevención, la vacunación y la toma de decisiones oportunas son las únicas herramientas para evitar que el brote siga expandiéndose y que las cifras continúen creciendo.