La preocupación por el maltrato animal en el Tolima volvió a encenderse tras la muerte del burrito Miguel, un caso que generó indignación en redes sociales y que ahora pone en evidencia el incremento de situaciones relacionadas con animales heridos, abandonados o víctimas de delitos como el abigeato. El secretario del Interior departamental, Ricardo Andrés Suárez, confirmó que el bienestar animal se ha convertido en un tema prioritario debido a los reportes constantes que reciben las autoridades.
Según explicó el funcionario, todos los días llegan denuncias sobre perros atropellados, animales en condición de vulnerabilidad y casos en los que los propietarios no cuentan con recursos para cubrir tratamientos veterinarios. Ante esta realidad, la Gobernación ha fortalecido alianzas estratégicas con universidades del departamento para garantizar atención médica y rescate oportuno. “Es un tema que nos ocupa diariamente”, señaló, al explicar que existe un equipo interdisciplinario conformado por veterinarios y abogados que se desplaza hasta las zonas donde se reportan emergencias.
Uno de los hechos más impactantes fue el del burrito Miguel, inicialmente señalado como víctima de un ataque con arma blanca. Sin embargo, el dictamen médico descartó el maltrato directo y concluyó que el animal sufrió un accidente en la vereda Lomas Mesas de San Juan, en Coyaimá, una zona caracterizada por su geografía montañosa. El semoviente presentó una fractura expuesta que permaneció varios días sin atención, lo que provocó una infección severa. Pese a que fue trasladado al hospital veterinario con apoyo de las autoridades locales, el cuadro clínico se agravó y finalmente no logró sobrevivir.
Además del caso de Miguel, las autoridades alertaron por el aumento del abigeato en distintas regiones del Tolima. Este delito, que consiste en el robo y sacrificio ilegal de ganado, ha dejado escenas especialmente crueles, ya que en algunos episodios los animales son despojados de su carne en el mismo lugar donde son atacados. En otros casos, los responsables huyen antes de terminar la faena, dejando a los semovientes gravemente heridos. Para el secretario del Interior, este fenómeno no solo representa una pérdida económica para los campesinos, sino también un grave problema de bienestar animal que requiere acciones coordinadas entre comunidad y autoridades.
Municipios como Ataco, Líbano, Murillo, Palocabildo e incluso Ibagué han registrado episodios recientes, aunque el funcionario aclaró que se trata de situaciones aisladas. Sin embargo, reconoció que el mayor obstáculo sigue siendo el miedo de los ciudadanos a denunciar, especialmente cuando los presuntos responsables son vecinos o conocidos dentro de la misma comunidad. “La gente se reserva información y eso dificulta avanzar en las investigaciones”, explicó, recordando casos anteriores en los que fue necesario actuar de oficio para rescatar animales en riesgo.
En ese sentido, la Gobernación reiteró que existe una ruta oficial de denuncia por maltrato animal, la cual puede activarse a través de estaciones de Policía, inspecciones municipales y canales institucionales. Cuando los propietarios no presentan queja formal, la Secretaría del Interior puede iniciar procesos ante la Fiscalía para que se investiguen los hechos y se sancione a los responsables. El objetivo, según las autoridades, es garantizar que cada caso tenga seguimiento y evitar que la violencia contra los animales quede en la impunidad.
El llamado final es claro: denunciar sin miedo. Para el Gobierno departamental, la participación ciudadana es clave para frenar el maltrato y fortalecer la cultura de protección animal en el Tolima. Mientras tanto, la historia del burrito Miguel se convierte en un símbolo de la compleja realidad que viven muchos animales en zonas rurales, donde la distancia, la falta de recursos y el silencio de algunos testigos siguen siendo barreras difíciles de superar. “Castigar con todo el peso de la ley a quienes maltratan animales”, insistió el secretario, será la meta principal en medio de una problemática que, lejos de desaparecer, continúa generando preocupación entre autoridades y comunidad.