La crisis del arroz en Colombia ya comenzó a fracturar al gremio en el Tolima. Mientras los productores del sur del departamento confirmaron que no participarán en el paro nacional convocado por el sector, los arroceros del norte anunciaron que sí están dispuestos a sumarse a la movilización, dejando en evidencia una división marcada entre regiones que históricamente han vivido del mismo cultivo.
El líder arrocero del norte del Tolima, Manuel Cardozo, confirmó que el paro ya fue definido en varios departamentos del país, entre ellos Meta, Casanare y Norte de Santander, y explicó que en esta zona del Tolima la decisión está prácticamente tomada. Municipios como Lérida permanecen a la expectativa, pero con una postura clara: si el Huila entra en paro, el norte del Tolima también saldrá a las vías. Esta decisión convierte al departamento vecino en una pieza clave para el desarrollo de la protesta en esta región del país.
La situación contrasta con lo que ocurre en el sur del Tolima, donde los arroceros decidieron no participar en la movilización. Según explicó el dirigente gremial, esta decisión está directamente relacionada con la dinámica económica de esa zona, donde los productores dependen en gran medida de los distritos de riego. Estas entidades, que administran y venden el suministro de agua, actualmente están impulsando cultivos alternativos como estrategia para mantener sus ingresos, ante la caída en la siembra de arroz. Esto ha llevado a que los intereses entre productores y operadores de riego comiencen a distanciarse, generando una postura distinta frente al paro.
Pero más allá de las diferencias internas, lo que une a los arroceros es la gravedad de la crisis económica que enfrentan. Cardozo advirtió que muchos agricultores arrastran deudas acumuladas de cosechas anteriores, que hoy se han vuelto prácticamente impagables debido a los bajos precios del arroz y al alto costo de producción. La situación es tan compleja que, según el líder gremial, varios productores están en riesgo de perder sus fincas, sus viviendas y otros bienes que durante años han construido con el trabajo del campo.
“Hay agricultores que están al borde de perderlo todo. Casas, fincas, vehículos. La situación es muy dura y por eso el paro se convierte en una medida necesaria”, explicó el dirigente, al referirse al impacto que está dejando esta crisis en cientos de familias que dependen directamente del cultivo del arroz. Esta realidad ha llevado a que muchos productores consideren la protesta como el único camino para exigir soluciones concretas.
El paro nacional arrocero surge en medio de un panorama complejo para el sector, marcado por la caída en la rentabilidad, el aumento en los costos de insumos y las dificultades para sostener la producción. Esta situación ha generado incertidumbre en distintas regiones del país, donde miles de familias dependen de esta actividad como su principal fuente de ingresos. En el Tolima, uno de los departamentos con mayor tradición arrocera, el impacto ya comienza a sentirse con fuerza.
Además, el hecho de que el gremio esté dividido refleja la magnitud de la crisis y las distintas realidades que enfrentan los productores, dependiendo de factores como el acceso al agua, los costos operativos y las condiciones económicas locales. Mientras algunos buscan alternativas productivas, otros aseguran que abandonar el arroz no es una opción, porque es el cultivo que ha sostenido sus familias durante generaciones.
Por ahora, la atención está puesta en lo que decida el Huila, cuya eventual participación podría provocar un efecto dominó en el Tolima y otras regiones del país. Los arroceros del norte ya dejaron claro que están listos para sumarse, en lo que podría convertirse en una nueva jornada de protestas del sector agropecuario, que busca visibilizar una crisis que, según advierten, amenaza la estabilidad económica de miles de familias campesinas.
La división del gremio en el Tolima no solo evidencia las tensiones internas, sino que también pone en evidencia la urgencia de encontrar soluciones estructurales. Mientras tanto, los productores siguen enfrentando un panorama incierto, en el que el futuro del arroz, uno de los cultivos más tradicionales del país, se encuentra en una encrucijada.