Luego de varios días de incertidumbre, reuniones internas y posiciones enfrentadas, los arroceros del Tolima finalmente decidieron no participar en el paro nacional convocado para este lunes 2 de marzo, una decisión que refleja la falta de consenso dentro de uno de los gremios agrícolas más importantes del departamento y del país.
La noticia marca el desenlace de lo que muchos productores calificaron como una verdadera “novela gremial”, en la que inicialmente sectores del norte del Tolima habían anunciado su intención de sumarse a las protestas, mientras que agricultores del sur se mostraron en desacuerdo con la medida. Esta división generó un ambiente de incertidumbre entre los mismos productores, quienes durante varios días evaluaron el impacto que tendría sumarse a una jornada de paro en medio de la crisis que atraviesa el sector arrocero.
Finalmente, tras analizar el panorama y ante la falta de una postura unificada, los líderes arroceros de esta región optaron por dar un paso atrás y esperar el desarrollo de las negociaciones que se adelantan en otras zonas del país, donde el paro sí fue ratificado y mantiene mayor respaldo.
Así lo confirmó Manuel Cardoso, líder representante de los arroceros del norte del Tolima, quien explicó que la decisión se tomó con el objetivo de mantener la unidad del gremio y evitar una fractura más profunda entre los productores. “La postura está bien dividida en esta parte del Tolima, entonces decidimos no entrar en esa dinámica de oposición, sino tratar de estar todos de acuerdo. Tomamos la decisión de que no vamos a participar del paro”, aseguró el dirigente.
La determinación no significa que el gremio esté conforme con la situación actual. Por el contrario, los arroceros reconocen que enfrentan un momento complejo, marcado por los bajos precios del arroz, el aumento en los costos de producción y la incertidumbre frente a las condiciones del mercado. Sin embargo, consideran que sumarse a una protesta sin una postura colectiva podría debilitar aún más su capacidad de negociación.
El Tolima es uno de los principales productores de arroz en Colombia, y miles de familias dependen directamente de esta actividad económica. Municipios del norte y sur del departamento han construido su economía alrededor del cultivo del cereal, lo que convierte cualquier decisión del gremio en un tema de alto impacto regional.
Durante los últimos días, el ambiente entre los productores estuvo marcado por la expectativa y el debate. Mientras algunos agricultores defendían la necesidad de protestar como mecanismo de presión, otros consideraban que lo más prudente era esperar los resultados de las mesas de diálogo con el Gobierno Nacional. Esta falta de consenso terminó inclinando la balanza hacia la no participación en el paro, al menos por ahora.
Otro factor clave en la decisión fue el anuncio de organizaciones y distritos de riego que también optaron por mantenerse al margen de la jornada, priorizando el diálogo institucional como vía para buscar soluciones. Esta postura influyó directamente en el ánimo de los productores del Tolima, quienes vieron en la negociación una alternativa más viable que la confrontación inmediata.
A pesar de haber desistido del paro, el gremio dejó claro que la situación sigue siendo crítica y que el malestar persiste. Los productores aseguran que estarán atentos a los resultados que se logren en otras regiones del país, especialmente en aquellas donde el paro avanza con mayor fuerza.
“Vamos a mirar las mesas de negociación que ellos consigan y, si vemos que realmente vale la pena, nos unimos inmediatamente”, advirtió Cardoso, dejando abierta la posibilidad de que el Tolima se sume a futuras movilizaciones si no se logran soluciones concretas.
Por ahora, el departamento queda al margen de la jornada nacional de protestas, pero con la mirada puesta en las decisiones que se adopten en los próximos días. El mensaje del gremio es claro: no descartan el paro, pero esperan primero resultados reales.
La decisión también envía una señal sobre el momento que vive el sector arrocero en el país: hay inconformidad, hay preocupación, pero también cautela. Los agricultores saben que cualquier paso en falso puede afectar no solo su economía, sino también la estabilidad de una actividad que durante décadas ha sido el sustento de miles de familias.
Mientras tanto, en el Tolima, el paro no se dará por ahora, pero el ambiente sigue en tensa calma. El gremio espera respuestas, y el futuro del sector dependerá en gran medida de lo que ocurra en las mesas de negociación nacionales.