El problema del licor irregular vuelve a encender las alarmas en el Tolima. Una jornada de inspecciones a establecimientos comerciales terminó dejando un resultado contundente: tres bares cerrados y 380 productos incautados, luego de que se encontraran bebidas con estampillas sospechosas, botellas con sedimentos y mercancía cuya procedencia no pudo ser demostrada por los comerciantes.
Los operativos se desplegaron en Cajamarca —incluido el corregimiento de Anaime—, Guamo, Espinal, Icononzo y Carmen de Apicalá, donde fueron visitados 136 establecimientos abiertos al público entre bares, tiendas y licoreras. Durante las revisiones, los funcionarios detectaron botellas con estampillas de otros departamentos, productos con partículas en suspensión y bebidas que no contaban con documentos que acreditaran su origen legal. La situación generó sospechas inmediatas sobre la posible circulación de licor irregular o adulterado en el comercio local.
El resultado más visible de la jornada fue el cierre temporal de tres establecimientos comerciales. Un bar en Espinal fue clausurado por tres días, mientras que en Icononzo un establecimiento deberá permanecer cerrado durante siete días, la sanción más alta de la jornada. A esto se suma otro negocio en Carmen de Apicalá, que también fue suspendido por tres días tras encontrarse productos que no cumplían con la normativa para su comercialización.
Más allá de los cierres, lo que más llamó la atención durante los operativos fue el tipo de irregularidades encontradas. En varios establecimientos aparecieron botellas con estampillas de otros departamentos, algo que suele ser una de las primeras señales de alerta para las autoridades. También se detectaron bebidas con sedimentos visibles, una característica que puede indicar manipulación, almacenamiento inadecuado o incluso adulteración del producto.
El tema no es menor. El licor de contrabando o adulterado no solo representa un golpe para el comercio legal y las rentas del departamento, sino que también puede poner en riesgo la salud de quienes lo consumen. Por eso, en cada operativo se revisan detalles como las estampillas, los sellos de seguridad y la documentación de los productos que se ofrecen al público.
En municipios turísticos como Carmen de Apicalá o Espinal, donde el movimiento de visitantes suele aumentar el consumo en bares y tiendas, las autoridades han reforzado este tipo de controles. La idea es evitar que bebidas de dudosa procedencia terminen circulando en lugares donde el flujo de clientes es constante, especialmente en temporadas de alta afluencia.
Durante las inspecciones, además del decomiso de mercancía, también se realizaron acciones de sensibilización con comerciantes, especialmente con quienes apenas están empezando en el negocio. Muchos de ellos reconocen que en ocasiones adquieren productos a distribuidores informales sin saber que podrían estar vendiendo licor irregular, lo que termina generando sanciones como cierres temporales o incautaciones.
Aun así, las autoridades aseguran que el mensaje es claro: los operativos seguirán llegando a bares, tiendas y licoreras del departamento. La intención es cortar de raíz la circulación de bebidas ilegales y garantizar que lo que llega a la mesa de los consumidores cumpla con las condiciones legales y sanitarias.
Mientras tanto, este nuevo episodio vuelve a demostrar que el problema del licor irregular sigue apareciendo en distintos rincones del Tolima. Y aunque los controles continúan, cada jornada de inspección termina destapando historias similares: botellas sospechosas, estampillas que no cuadran y negocios que terminan bajando la reja por vender trago de dudosa procedencia.